viernes, 6 de agosto de 2010

Arroz es el complemento ideal

Arroz es el complemento ideal


“Se me quedó en la oficina tu invitación para la boda”, fueron las palabras de mi prima. Yo perdida. Ella seguía: “Sí, me pasé de curiosa y la abrí para ver quienes se casaban. Tremenda rumba que tienes”. Yo no sabía de qué o de quiénes me estaba hablando.

Llegamos a la conclusión de que había algún tipo de malentendido, pero que no seria mala idea aprovecharse de éste y ver que nos ofrecía la flamante pareja. Sólo me hacia falta conseguir un acompañante. Alguien que se atreviera a semejante aventura.

En un principio asistiría con mi amiga ecológica, pero por causas de fuerza mayor no pudo acompañarme. Para mi fortuna, a otra de mis amigas no le importó prestarme al chico con el que está saliendo, quien es amigo mío desde hace poco tiempo y por eso no se me ocurrió invitarlo desde un principio.

En fin, el pana accedió a acompañarme y quedamos en que me buscaría a las 10pm. Estábamos emocionados. Al menos yo. Desde las 6pm empecé a arreglarme, para que me diera tiempo de flojear y hasta tomar una siesta.

A las 10pm en punto llegó el caballero con su armadura brillante frente a mi edificio. Baje y partimos. En el camino íbamos preparando cual seria nuestra cuartada: yo soy Gabriela Pérez, hija de la tía Eglé de Barquisimeto y él es Bruno Díaz, mi acompañante.

Llegamos al sitio de la fiesta y los novios se encontraban en la entrada tomándose unas fotos. Los nervios comenzaron a brotar. No los miré y entramos como si nada. No había control de invitaciones en la entrada. Aun así, conservamos nuestra invitación por si acaso.

Una vez dentro, el ambiente estaba armado. La música sonaba a todo volumen y la gente bailaba al ritmo de Wavaberry, quienes ya estaban en tarima. Lo primero que hicimos fue dirigirnos al bar. Dos whiskys, por favor. Y comenzamos. Dimos una vuelta de reconocimiento para ver si nos encontrábamos a algún conocido. Mi amigo si conocía a un par de personas. Yo, como era de esperarse, no conocía a nadie.

Entonces nos tomamos una foto, para que nos quedara la evidencia de donde estábamos. Nos fuimos a la pista a bailar un set de merengue. Excelente. Después comenzaron a servir la cena. Nos parecía algo temprano, pero nos adaptábamos. Como no teníamos mesa, nos sentamos a comer en la barra. No éramos los únicos. Era un pastel de salmón y queso crema. Divino.

Salió el grupo de tambores. Insisto, muy temprano pero cero quejas. Ni mi amigo, ni yo bailábamos tambores. Fue el momento perfecto para comer más pasapalos y seguir bebiendo: fueron muchos más whiskys. Como decía mi amigo: “arrocero se da con todo”. Otro par de fotos.

En esta nota, es momento de contar la hazaña más osada de la noche. Una dama de vestido blanco pomposo se estaba tomando unas fotos con un grupo cerca de nosotros. Nosotros con celular y cámara preparada. Ella pasa frente a nosotros, mi amigo se le acerca y le dice algo al oído. Lo siguiente: estábamos uno a cada lado de LA NOVIA tomándonos una foto. Flash y clic.

Vasos llenos. Momento de ir a la pista de baile, junto con Wavaberry y la hora loca. Cantamos, bailamos, bebimos y comimos. Durante la hora loca, me conseguí a Naty Lashly quien se había graduado conmigo en la universidad y nos tomamos una foto en honor a mi amiga ecológica que no pudo ir ¡Tiernas!


Ya prendidos y en el plan de disfrutar cada momento que pasábamos allí, decidimos meternos en algunas fotos grupales ¡Un éxito! Cuando vean esas fotos se preguntaran: “¿Quién c*** son estos dos?” Y alguien dirá: “Yo pensé que eran amigos tuyos”. Y la incógnita seguirá en el aire.

Para finalizar la hora loca con éxito, solo nos faltaba montarnos en la tarima a bailar la maraca. Pero no llegamos a eso. Logramos estar justo debajo del escenario y La Negra Min me puso el micrófono para que cantara un verso de “Lo que no sabes tu” de Chino y Nacho. Clásico.


Finalizo la hora loca y era momento de llenar nuestros vasos. También aprovechamos para buscar comida, pero ya no había cosas saladas. Estaban repartiendo el postre. Nos lo comimos mientras teníamos alguna conversación. Probablemente poco profunda pero puedo asegurar que nuestra entonación era como si fuese el tema más serio e importante en el universo.

Volvimos al bar por más bebida espirituosa y mi amigo me propuso un reto: debía sacarme una foto con uno de los vocalistas de la banda. Aproveche mi contacto con la otra vocalista, que también se graduó conmigo en la universidad y a quien ya había saludado y hasta una conversación tuvimos cuando nos encontramos en el baño (Nunca faltan. Otro tema para otro momento. No se pierdan mi próximo relato: Conversaciones en el baño de una boda). Me tome una foto con mi amiga La Negra Min y acto seguido le pedí que me tomara una foto con su compañero de canto ¡Se imprime!


Después bailamos otro set más y luego se había acabado el whisky. Era nuestra señal de partida. Había hambre en el aire, por lo que nos fuimos a una arepera a comer y después a la casa a dormir.

¡Qué vivan los novios! ¡Qué vivan!

lunes, 2 de agosto de 2010

Capitulo IX: La bemba colorada

Travesia de unas ragazze en Los Roques
Mini serie de nueve capítulos, relatando las aventuras de tres licenciadas ucabistas en el paradisiaco Archipiélago de Los Roques.

Capitulo 9: La bemba colorada

Domingo 28-Marzo-2010

Volvimos a despertar en la mañana roquense. Esta vez con menos frío gracias a Michi, y no como Astrid pensaba: que Michi nos había dado una media a cada una, es decir, un par de medias para compartir.

Bajamos a desayunar y nos esperaba una rica comida como la del día anterior. La única diferencia fueron nuestras bocas. Todas la teníamos un poco inflamadas y de un color rojo mas vivo. Las bembas coloradas fueron producto del alto contacto con el agua salada y el sol, pero la peor era la de Michi por querer ser como Ariel y querer compartir con Nemo y Doris.

Nunca comenté que antes de llegar a Los Roques, Alda nos había preguntado si nos gustaba la langosta porque era temporada y podía recomendarnos algún restaurante accesible. La verdad ninguna la había probado, así que teníamos la curiosidad y sería un buen gusto durante el viaje.

Entonces como el almuerzo de ese día (lamentablemente el último día) ya no estaba incluido era el día perfecto para comer langosta. Por lo tanto, Alda nos dijo que fuéramos a Madrisky que era cerca del Gran Roque y tenía un restaurante pequeño y económico de langostas.

Nos fuimos al muelle a buscar el peñero/taxi que nos llevaría a la isla. Mientras esperábamos, nos tropezamos con unas bellezas extranjeras: alemanes, argentinos, italianos. Puro colirio para los ojos. No sabíamos por donde empezar a mirar. Eran muchos.

Finalmente tomamos el peñero y de repente el lanchero empezó a hablar italiano fluido con uno de los pasajeros. No entendíamos que pasaba, el lanchero se veía tan criollo. Le preguntamos y resultó que su novia era italiana. Ella tenía una posada allí en Los Roques ¡Qué vida tan dura!

Llegamos a Madrisky. Un paraíso igual: aguas cristalinas y arenas blancas. Tomamos sol (aunque ya parecíamos unas negritas empanaderas), nos bañamos y nos fuimos a recorrer la isla en busca de la langosta. Allá al final, pasando el banco de arena, en la isla pirata, estaba el restaurante.

Preguntamos lo necesario y fuimos a escoger nuestra langosta. Michi, como era de esperarse, no se acerco a verlas. Astrid y yo escogimos por las tres. La prepararon a la plancha y nos la sirvieron con puré de papas y ensalada de repollo y zanahoria. Nosotras también decidimos acompañarla con unas Polar Ice.

Comimos lo más que pudimos. A mi me gustó bastante y eso que yo soy muy extraña con la comida. A Astrid también le gustó bastante. Michi fue la única que admitió que prefiere los langostinos. Nos envolvieron lo que había quedado y decidimos dárselo a Alda y Federico (novio de Alda que llegaba ese día y que estábamos ansiosas por conocer por la manera en que ella hablaba de él).

Volvimos a nuestra sombrilla. Recogimos nuestras cosas y volvimos al Gran Roque. Al llegar a la posada, Alda tenía unas cajas nuevas llenas de souvenirs roquenses. Cada una compró unas tazas con unas fotos espectaculares de Los Roques y que además habían sido tomadas por Federico. Ya lo admirábamos y aun no lo conocíamos.

Subimos a nuestra habitación, nos arreglamos, recogimos nuestras cosas y bajamos. Fuimos a confirmar los pasajes y luego a la pista. El avión ya estaba listo para salir, solo faltábamos nosotras.

Antes de abordar el avión tuvimos la oportunidad de ver de reojo a Federico. Pero no fue sino hasta estar montadas que abrimos la lata de Pirulin y comentamos lo bello que era. Llegamos a Maiquetia y nos esperaban Lulu y Evelyn. Le avisamos a Alda de nuestro triste regreso y de lo mucho que habíamos disfrutado por allá.

Empezamos a contar las anécdotas del viaje y nos pusimos de acuerdo en redactar un correo de agradecimiento para Alda. Se pueden imaginar quien se encargó de eso. Y así, fuimos regresando a Caracas y a nuestras rutinas, pero primero debíamos terminar de descansar en Semana Santa.

Fin