lunes, 2 de agosto de 2010

Capitulo IX: La bemba colorada

Travesia de unas ragazze en Los Roques
Mini serie de nueve capítulos, relatando las aventuras de tres licenciadas ucabistas en el paradisiaco Archipiélago de Los Roques.

Capitulo 9: La bemba colorada

Domingo 28-Marzo-2010

Volvimos a despertar en la mañana roquense. Esta vez con menos frío gracias a Michi, y no como Astrid pensaba: que Michi nos había dado una media a cada una, es decir, un par de medias para compartir.

Bajamos a desayunar y nos esperaba una rica comida como la del día anterior. La única diferencia fueron nuestras bocas. Todas la teníamos un poco inflamadas y de un color rojo mas vivo. Las bembas coloradas fueron producto del alto contacto con el agua salada y el sol, pero la peor era la de Michi por querer ser como Ariel y querer compartir con Nemo y Doris.

Nunca comenté que antes de llegar a Los Roques, Alda nos había preguntado si nos gustaba la langosta porque era temporada y podía recomendarnos algún restaurante accesible. La verdad ninguna la había probado, así que teníamos la curiosidad y sería un buen gusto durante el viaje.

Entonces como el almuerzo de ese día (lamentablemente el último día) ya no estaba incluido era el día perfecto para comer langosta. Por lo tanto, Alda nos dijo que fuéramos a Madrisky que era cerca del Gran Roque y tenía un restaurante pequeño y económico de langostas.

Nos fuimos al muelle a buscar el peñero/taxi que nos llevaría a la isla. Mientras esperábamos, nos tropezamos con unas bellezas extranjeras: alemanes, argentinos, italianos. Puro colirio para los ojos. No sabíamos por donde empezar a mirar. Eran muchos.

Finalmente tomamos el peñero y de repente el lanchero empezó a hablar italiano fluido con uno de los pasajeros. No entendíamos que pasaba, el lanchero se veía tan criollo. Le preguntamos y resultó que su novia era italiana. Ella tenía una posada allí en Los Roques ¡Qué vida tan dura!

Llegamos a Madrisky. Un paraíso igual: aguas cristalinas y arenas blancas. Tomamos sol (aunque ya parecíamos unas negritas empanaderas), nos bañamos y nos fuimos a recorrer la isla en busca de la langosta. Allá al final, pasando el banco de arena, en la isla pirata, estaba el restaurante.

Preguntamos lo necesario y fuimos a escoger nuestra langosta. Michi, como era de esperarse, no se acerco a verlas. Astrid y yo escogimos por las tres. La prepararon a la plancha y nos la sirvieron con puré de papas y ensalada de repollo y zanahoria. Nosotras también decidimos acompañarla con unas Polar Ice.

Comimos lo más que pudimos. A mi me gustó bastante y eso que yo soy muy extraña con la comida. A Astrid también le gustó bastante. Michi fue la única que admitió que prefiere los langostinos. Nos envolvieron lo que había quedado y decidimos dárselo a Alda y Federico (novio de Alda que llegaba ese día y que estábamos ansiosas por conocer por la manera en que ella hablaba de él).

Volvimos a nuestra sombrilla. Recogimos nuestras cosas y volvimos al Gran Roque. Al llegar a la posada, Alda tenía unas cajas nuevas llenas de souvenirs roquenses. Cada una compró unas tazas con unas fotos espectaculares de Los Roques y que además habían sido tomadas por Federico. Ya lo admirábamos y aun no lo conocíamos.

Subimos a nuestra habitación, nos arreglamos, recogimos nuestras cosas y bajamos. Fuimos a confirmar los pasajes y luego a la pista. El avión ya estaba listo para salir, solo faltábamos nosotras.

Antes de abordar el avión tuvimos la oportunidad de ver de reojo a Federico. Pero no fue sino hasta estar montadas que abrimos la lata de Pirulin y comentamos lo bello que era. Llegamos a Maiquetia y nos esperaban Lulu y Evelyn. Le avisamos a Alda de nuestro triste regreso y de lo mucho que habíamos disfrutado por allá.

Empezamos a contar las anécdotas del viaje y nos pusimos de acuerdo en redactar un correo de agradecimiento para Alda. Se pueden imaginar quien se encargó de eso. Y así, fuimos regresando a Caracas y a nuestras rutinas, pero primero debíamos terminar de descansar en Semana Santa.

Fin

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