miércoles, 26 de mayo de 2010

Capitulo IV: Mangiare tutto

Travesías de unas ragazze en Los Roques

Mini serie de nueve capítulos, relatando las aventuras de tres licenciadas ucabistas en el paradisiaco Archipiélago de Los Roques.


Capitulo IV: Mangiare tutto

Viernes 26 – Marzo – 2010
Regresamos a La Rosaleda. Alda nos esperaba con las esperanzas de que nuestro primer día en Los Roques hubiese sido bueno. Cuando le contamos que había superado todas las expectativas, ninguna podía evitar sonreír.

Subimos a nuestra habitación para bañarnos y luego bajar a comer. Para fortuna de todos, Michi se tomo su tiempo para bañarse y no aplico el baño de vaquerito (los curiosos, favor hablar con ella personalmente). Ya estábamos bronceaditas. Bajamos a comer.

Alda ya nos tenía la mesa puesta pero faltaban unos minutos para que la cena estuviera lista. Mientras esperábamos nos sentamos en la salita y empezamos a tomarnos unas fotos, y por supuesto sin dejar de lado a Motto Motto. Pasamos a la mesa.

Nos trajeron un plato de pasta bien resuelto, como buena italiana que es Alda, y lo acompañamos con una copita de vino blanco. Nos lo comimos todo y estaba súper rico. Esperábamos por el postre, pero lo que en realidad nos trajeron fue el segundo plato. Éste consistía en un filete de pargo empanizado con unos pimentones dulces ¡Espectacular!

Al ver que llegaba el segundo plato, Astrid peló los ojos. De casualidad se había podido comer toda la pasta, ¿cómo iba a comerse ahora un filete de pargo entero y ella solita? Alda le vio la cara y le dijo: “Astrid, mangiare tutto tutto. Sino no hay postre”. Michi y yo le dijimos: “Astrid, tutto tutto tutto”. Todas nos reíamos y empezamos a comer. ¡Divino!

Por supuesto, Astrid no se lo comió todo. Ninguna se lo comió todo, pero comimos lo más que pudimos. Alda, al hablarnos, siempre nos combinaba el italiano con el español y aun así le entendíamos. Había despertado mi interés por el italiano, aunque ya sabía decir “estoy embarazada”. Alguna frase se me ocurriría para decirle que me la enseñara.

Después de la cena, Alda nos preguntó que cual era el motivo de nuestro viaje, que ella recordaba que íbamos a celebrar unos cumpleaños. La corregimos con que ahora celebrábamos la graduación nada más porque los cumpleaños ya habían pasado (estos se celebraban con la fecha original del viaje). Le contamos que nos habíamos graduado de comunicadoras sociales y nos pregunto que si de “La Católica”. Fue allí cuando nos contó que ella había estudiado un año allí y no le gusto porque lo que ella quería era hacer cine. Entonces se fue a Italia a estudiar cine y le dieron clases unos profesores viejitos, que incluso algunos de ellos se habían ganado un oscar o dos ¿Envidia? De la buena.


Salimos a dar una vuelta por el pueblo. Lo recorrimos completo. Tomamos algunas fotos. Vimos donde quedaba el bar del pueblo, que convenientemente queda al lado de la iglesia. Y por supuesto, también entramos a la iglesia. Pequeña pero hermosa. Mientras caminábamos, Astrid y yo empezamos a imaginarnos como seria el video musical de “Con la lengua afuera”. Con bailarines, coreografía, en la playa, etc. Michi no quiso participar de ninguna forma y por eso perdió su segunda estrellita dorada.

Volvimos a la posada no encontrábamos como abrir la puerta. La puerta estaba cerrada con llave y teníamos una copia, pero no podíamos abrirla. ¿Y ahora como entramos? Las tres intentábamos y nada. No teníamos alcohol en las venas y esa puerta no cedía. Empezamos a reírnos a más no poder. Para nuestra suerte, Alda nos escuchó y se acercó a abrirnos. Nos explicó el truco de la puerta, para estar preparadas para la siguiente noche.

Nos pusimos la pijama y a dormir. Astrid no sabia que esa noche descubriría que Michi comía sabanas y que como consecuencia, pasaría frío parejo.


Continuará…
Capitulo V: Una de las 10 islas más bellas del mundo

martes, 11 de mayo de 2010

Capitulo III: Con la lengua afuera

Travesías de unas ragazze en Los Roques
Mini serie de nueve capítulos, relatando las aventuras de tres licenciadas ucabistas en el paradisiaco Archipiélago de Los Roques.



Foto: Michelle Vall

Capitulo III: Con la lengua afuera

Viernes 26 – Marzo – 2010
Ya estábamos en Los Roques. El sol nos empezaba a broncear y no lo sabíamos, o tal vez si lo sabíamos pero nadie decía nada. Nos hacíamos las locas. Queríamos sol extremo.

Alda nos guiaba hasta donde tomaríamos el primer peñero a la isla de Crasqui. Íbamos con nuestros bolsos playeros, las cholas y por supuesto el jugo de cranberry. Los lancheros nos ayudaron a subir al peñero junto con muchos extranjeros y sin perder el tiempo ya empezábamos a observar los posibles prospectos del Gran Roque.

Al subir, uno de los lancheros se alegra de que le hayamos llevado semejante botella de tres litros de zumo de arándanos, como el lo llamo en su encantador acento argentino (si, argentino). Tuvimos nuestro primer paseo en peñero en Los Roques y llegamos a Crasqui.

Fuimos las ultimas en bajar y otro lanchero, esta vez con acento español, nos pregunta: “¿dónde está su representante?”. A lo que respondemos: “¿qué representante? Aquí no hace falta de eso” y él aseguró que tres mujeres tan lindas no podían quedarse solas en esa isla. ¡Puntos para el español! Y eso que no les he contado lo bello que era el español. Solo le faltaba altura.

Los lancheros nos armaron nuestra zona con dos sombrillas grandes, tres sillas y la cava. Se marcharon y tomamos un momento para ver nuestro alrededor. A nuestra izquierda, una pareja de viejitos canadienses súper tiernos. A nuestra derecha, una pareja joven de italianos. Al frente, el océano mas azul turquesa, transparente y limpio que hayamos visto en nuestras vidas. Parecía agua de piscina. Suspiramos.

La curiosidad nos mataba. Abrimos la cava. Que sorpresa nos llevamos al ver todo lo que tenia dentro: un sánduche, un refrigerio frío, fruta, galletas, papitas, un te con limón, un jugo, una cerveza, una botella grande de agua y el hielo. Todo eso entraba en nuestra pequeña cava. Los ojos nos brillaban y al probar la comida, se nos hizo agua la boca. Una delicia. Queríamos contratar a Alda como cocinera de nuestros hogares.

Los extranjeros no hacían más que leer. De los viejitos lo podíamos entender, pero la pareja de jóvenes se podía demostrar más amor y cariño. Entonces, dejamos nuestras pertenencias y nos fuimos a recorrer la isla caminando. Nos llevamos una cámara y las soleras azulitas. En nuestro recorrido observamos a la fauna que nos acompañaba: guanaguanares y pelícanos, e incluso vimos una manta raya. Pero el animal que menos esperábamos encontrarnos fue un labrador negro llamado Aragon, que inmediatamente se enamoro de Michi y ella de él. Fue amor a primer ladrido.

Continuamos caminando por la isla y creamos una pieza musical, que en cualquier momento grabaremos y pondremos a sonar en todas las emisoras de radio del país. Astrid y yo compusimos un éxito merenguero al que llamamos “Con la lengua afuera”. Con una letra muy pegajosa y un ritmo extremadamente pachangoso. Hasta coreografía le inventamos, incluyendo los famosos pasos de “manitas” y “ordenando cajitas”, de Claudia y Michi respectivamente. Los podrán ver en el video musical que algún día grabaremos.

Cuando regresamos, nos metimos una vez más al mar. El agua estaba fría pero a Claudia no le importaba y se metía de una. Valiente la muchacha. Astrid se iba metiendo poco a poco, hasta conseguir sumergirse por completo. Pero Michi se limitaba al baño de vaquerita (para mayor información, favor comunicarse con ella directamente).

Luego de seis o siete horas aproximadamente, vimos como la pareja de italianos por fin se demostraban cariño. Él le acariciaba las rodillas y ella el cabello. Demasiado amor. Estábamos empalagadas. Vinieron a buscarnos. Nosotras felices de volver a ver al español y al argentino. Regresamos al Gran Roque viendo al sol caer, con tono naranja espectacular y la forma de una cachapa inmensa.

Continuara…
Capitulo IV: Mangiare tutto