Travesías de unas ragazze en Los Roques
Mini serie de nueve capítulos, relatando las aventuras de tres licenciadas ucabistas en el paradisiaco Archipiélago de Los Roques.

Capitulo IV: Mangiare tutto
Viernes 26 – Marzo – 2010
Regresamos a La Rosaleda. Alda nos esperaba con las esperanzas de que nuestro primer día en Los Roques hubiese sido bueno. Cuando le contamos que había superado todas las expectativas, ninguna podía evitar sonreír.
Subimos a nuestra habitación para bañarnos y luego bajar a comer. Para fortuna de todos, Michi se tomo su tiempo para bañarse y no aplico el baño de vaquerito (los curiosos, favor hablar con ella personalmente). Ya estábamos bronceaditas. Bajamos a comer.
Alda ya nos tenía la mesa puesta pero faltaban unos minutos para que la cena estuviera lista. Mientras esperábamos nos sentamos en la salita y empezamos a tomarnos unas fotos, y por supuesto sin dejar de lado a Motto Motto. Pasamos a la mesa.
Nos trajeron un plato de pasta bien resuelto, como buena italiana que es Alda, y lo acompañamos con una copita de vino blanco. Nos lo comimos todo y estaba súper rico. Esperábamos por el postre, pero lo que en realidad nos trajeron fue el segundo plato. Éste consistía en un filete de pargo empanizado con unos pimentones dulces ¡Espectacular!
Al ver que llegaba el segundo plato, Astrid peló los ojos. De casualidad se había podido comer toda la pasta, ¿cómo iba a comerse ahora un filete de pargo entero y ella solita? Alda le vio la cara y le dijo: “Astrid, mangiare tutto tutto. Sino no hay postre”. Michi y yo le dijimos: “Astrid, tutto tutto tutto”. Todas nos reíamos y empezamos a comer. ¡Divino!
Por supuesto, Astrid no se lo comió todo. Ninguna se lo comió todo, pero comimos lo más que pudimos. Alda, al hablarnos, siempre nos combinaba el italiano con el español y aun así le entendíamos. Había despertado mi interés por el italiano, aunque ya sabía decir “estoy embarazada”. Alguna frase se me ocurriría para decirle que me la enseñara.
Después de la cena, Alda nos preguntó que cual era el motivo de nuestro viaje, que ella recordaba que íbamos a celebrar unos cumpleaños. La corregimos con que ahora celebrábamos la graduación nada más porque los cumpleaños ya habían pasado (estos se celebraban con la fecha original del viaje). Le contamos que nos habíamos graduado de comunicadoras sociales y nos pregunto que si de “La Católica”. Fue allí cuando nos contó que ella había estudiado un año allí y no le gusto porque lo que ella quería era hacer cine. Entonces se fue a Italia a estudiar cine y le dieron clases unos profesores viejitos, que incluso algunos de ellos se habían ganado un oscar o dos ¿Envidia? De la buena.
Regresamos a La Rosaleda. Alda nos esperaba con las esperanzas de que nuestro primer día en Los Roques hubiese sido bueno. Cuando le contamos que había superado todas las expectativas, ninguna podía evitar sonreír.
Subimos a nuestra habitación para bañarnos y luego bajar a comer. Para fortuna de todos, Michi se tomo su tiempo para bañarse y no aplico el baño de vaquerito (los curiosos, favor hablar con ella personalmente). Ya estábamos bronceaditas. Bajamos a comer.
Alda ya nos tenía la mesa puesta pero faltaban unos minutos para que la cena estuviera lista. Mientras esperábamos nos sentamos en la salita y empezamos a tomarnos unas fotos, y por supuesto sin dejar de lado a Motto Motto. Pasamos a la mesa.
Nos trajeron un plato de pasta bien resuelto, como buena italiana que es Alda, y lo acompañamos con una copita de vino blanco. Nos lo comimos todo y estaba súper rico. Esperábamos por el postre, pero lo que en realidad nos trajeron fue el segundo plato. Éste consistía en un filete de pargo empanizado con unos pimentones dulces ¡Espectacular!
Al ver que llegaba el segundo plato, Astrid peló los ojos. De casualidad se había podido comer toda la pasta, ¿cómo iba a comerse ahora un filete de pargo entero y ella solita? Alda le vio la cara y le dijo: “Astrid, mangiare tutto tutto. Sino no hay postre”. Michi y yo le dijimos: “Astrid, tutto tutto tutto”. Todas nos reíamos y empezamos a comer. ¡Divino!
Por supuesto, Astrid no se lo comió todo. Ninguna se lo comió todo, pero comimos lo más que pudimos. Alda, al hablarnos, siempre nos combinaba el italiano con el español y aun así le entendíamos. Había despertado mi interés por el italiano, aunque ya sabía decir “estoy embarazada”. Alguna frase se me ocurriría para decirle que me la enseñara.
Después de la cena, Alda nos preguntó que cual era el motivo de nuestro viaje, que ella recordaba que íbamos a celebrar unos cumpleaños. La corregimos con que ahora celebrábamos la graduación nada más porque los cumpleaños ya habían pasado (estos se celebraban con la fecha original del viaje). Le contamos que nos habíamos graduado de comunicadoras sociales y nos pregunto que si de “La Católica”. Fue allí cuando nos contó que ella había estudiado un año allí y no le gusto porque lo que ella quería era hacer cine. Entonces se fue a Italia a estudiar cine y le dieron clases unos profesores viejitos, que incluso algunos de ellos se habían ganado un oscar o dos ¿Envidia? De la buena.

Salimos a dar una vuelta por el pueblo. Lo recorrimos completo. Tomamos algunas fotos. Vimos donde quedaba el bar del pueblo, que convenientemente queda al lado de la iglesia. Y por supuesto, también entramos a la iglesia. Pequeña pero hermosa. Mientras caminábamos, Astrid y yo empezamos a imaginarnos como seria el video musical de “Con la lengua afuera”. Con bailarines, coreografía, en la playa, etc. Michi no quiso participar de ninguna forma y por eso perdió su segunda estrellita dorada.
Volvimos a la posada no encontrábamos como abrir la puerta. La puerta estaba cerrada con llave y teníamos una copia, pero no podíamos abrirla. ¿Y ahora como entramos? Las tres intentábamos y nada. No teníamos alcohol en las venas y esa puerta no cedía. Empezamos a reírnos a más no poder. Para nuestra suerte, Alda nos escuchó y se acercó a abrirnos. Nos explicó el truco de la puerta, para estar preparadas para la siguiente noche.
Nos pusimos la pijama y a dormir. Astrid no sabia que esa noche descubriría que Michi comía sabanas y que como consecuencia, pasaría frío parejo.

Continuará…
Capitulo V: Una de las 10 islas más bellas del mundo
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