Travesia de unas ragazze en Los Roques
Mini serie de nueve capítulos, relatando las aventuras de tres licenciadas ucabistas en el paradisiaco Archipiélago de Los Roques.
Mini serie de nueve capítulos, relatando las aventuras de tres licenciadas ucabistas en el paradisiaco Archipiélago de Los Roques.

Capitulo VIII: Santo mojito
Sábado 27-Marzo-2010
Regresamos de ver el atardecer, aun un poco aturdidas de tan semejante belleza. Nos bañamos a la luz de las velas, gracias al racionamiento eléctrico de nuestra calle. La cena también fue así.
Para cenar, Alda nos tenía otras delicateses. De entrada, una cremita de calabacines. De plato principal, un filete de pargo con salsa de curry y un puré de papa con trocitos de papa. Y de postre, una marquesa de chocolate. Todo acompañado de unas soleritas azules.
Acto seguido, decidimos salir a dar una vuelta por el pueblo en busca de unos tragos, donde debíamos probar la mejor piña colada de la vida y unos mojitos recomendados por la mismísima Alda.
Caminamos y caminamos. No conseguíamos el bar o la iglesia. Leyeron bien, la iglesia. Porque nos indicaron que el mejor bar del pueblo, con los mejores y mayor variedad de tragos, quedaba al lado de la capilla. Descarados que somos todos en Los Roques que no nos avergüenza beber al lado de la iglesia. Tragos benditos.
En fin, el Gran Roque tiene cuatro calles y nosotras estábamos perdidas. Muy oportuno. Preguntamos y finalmente llegamos. Para mi desgracia, no era temporada de piña y por lo tanto no estaban preparando Piña Colada. Entonces, Astrid pidió un mojito y Michi y yo pedimos daiquiris. Brindamos y comenzaron las incoherencias.
Sábado 27-Marzo-2010
Regresamos de ver el atardecer, aun un poco aturdidas de tan semejante belleza. Nos bañamos a la luz de las velas, gracias al racionamiento eléctrico de nuestra calle. La cena también fue así.
Para cenar, Alda nos tenía otras delicateses. De entrada, una cremita de calabacines. De plato principal, un filete de pargo con salsa de curry y un puré de papa con trocitos de papa. Y de postre, una marquesa de chocolate. Todo acompañado de unas soleritas azules.
Acto seguido, decidimos salir a dar una vuelta por el pueblo en busca de unos tragos, donde debíamos probar la mejor piña colada de la vida y unos mojitos recomendados por la mismísima Alda.
Caminamos y caminamos. No conseguíamos el bar o la iglesia. Leyeron bien, la iglesia. Porque nos indicaron que el mejor bar del pueblo, con los mejores y mayor variedad de tragos, quedaba al lado de la capilla. Descarados que somos todos en Los Roques que no nos avergüenza beber al lado de la iglesia. Tragos benditos.
En fin, el Gran Roque tiene cuatro calles y nosotras estábamos perdidas. Muy oportuno. Preguntamos y finalmente llegamos. Para mi desgracia, no era temporada de piña y por lo tanto no estaban preparando Piña Colada. Entonces, Astrid pidió un mojito y Michi y yo pedimos daiquiris. Brindamos y comenzaron las incoherencias.

Decretamos que nuestros nombres roquenses eran Astrisky, Michisky y Anisky. Después, Michisky no perdió el tiempo y le comenzó a sacar conversación al mesonero. Éste se sentó con nosotras y nos empezó a contar historias de tiburones, delfines y ballenas cerca de las costas e islas roquenses. Historias sobre barcos atascados y aviones estrellados. E historias sobre personas perdidas durante sesiones de buceo. Nosotras fascinadas con las historias y con la simpatía del señor de sentarse a conversar con nosotras. Felices todos.
Decidimos regresar a La Rosaleda. No tuvimos problemas en llegar. No nos perdimos, pero si volvimos a tener problemas para abrir la puerta de la posada. Subimos y esa noche Michi nos salvo del frío con unas medias. ¿Quién diría?
Continuará…
Capitulo Final: Con la bemba colorada
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