viernes, 2 de julio de 2010

Capitulo VII: Atardecer salado

Travesia de unas ragazze en Los Roques

Mini serie de nueve capítulos, relatando las aventuras de tres licenciadas ucabistas en el paradisiaco Archipiélago de Los Roques.

Capitulo VII: Atardecer salado

Sábado 27 – Marzo – 2010
Llegamos a Espesqui. La última parada de ese día. Era como dos islas en una, que estaban unidas por un banco de agua. El sol seguía brillando alto y bronceando nuestra piel, el agua cristalina y la arena blanquita.

Al llegar, nos dimos cuenta que no habíamos almorzado y decidimos hacerlo. Ese día nos esperaba un risotto con calabacines y maíz ¡Exquisito! Mis felicitaciones a Alda por sus comidas. Nos bebimos el té y fuimos por el postre. Las chucherías siempre son bienvenidas.

Michi ya estaba enamorada de la fauna del océano, así que no pudo aguantarse más y volvió a pedir prestada la mascara de snorkel y se lanzo al mar después de comer, sin pensar en las consecuencias del bronceado culístico. Estuvo explorando la fauna y asegura que se encontró cara a cara con una anguila eléctrica o alguna especie de culebra de mar.

El sol empezaba a bajar y aprovechamos para tomar unas fotos antes de volver al peñero y al Gran Roque. Al llegar al muelle, sentí un peso encima. No sabía que mi toalla había decidido traerse toda el agua de Los Roques. Goteaba hasta el cansancio.

Con ayuda de Michi y Astrid exprimimos todas las toallas al llegar a la posada, pero ninguna le ganó a la mía. Por petición de Alda, nos comimos la piña que nos había puesto en la cava y nos obligó a ir a ver el atardecer. Fue la obligación menos forzada.

Nos encontramos de frente con un cielo tricolor. Tonos naranjas, morados, azules, rosados. Foto tras foto. Solas y acompañadas. Era sencillamente hermoso. El cielo se reflejaba sobre el agua y podías ver las siluetas de las aves y los peñeros en la costa. No teníamos nada que decirnos la una a la otra. Solo con las miradas y el paisaje frente a nosotras expresábamos más que suficiente. Tanto silencio solo podía representar admiración.

Luego volvimos a la posada y estaba algo oscura. Alda nos explicó que a esa hora a nuestra calle le tocaba racionamiento de luz por dos horas. Es que hasta en Los Roques no nos íbamos a escapar del racionamiento eléctrico. Nos bañamos y cenamos a la luz de las velas.

Continuará…
Capitulo VIII: Santo Mojito

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