martes, 20 de abril de 2010

Libertad Mágica en Cuyagua (del 17/04/2009 al 19/04/2009)


Personajes:
- Astrid Klie como La Roche
- Héctor Hernández como Jector El Father
- María Gabriela Estrada como Gaby
- Julián García como Don Julián
- Ana Gabriela Pérez, conocida en otras historias como Rana, como Claudia

Todos los personajes son amigos caraqueños de Claudia: La Roche y Gaby estudian conmigo en la universidad. Y Jector y Don Julián son los novios de ellas, respectivamente. A Ana Gabriela le dicen Claudia en Caracas, porque a una compañera de clases se le ocurrió decir que ella no tiene cara de Ana Gabriela sino de Claudia y los demás lo adoptaron.

Inicio del relato:
La Roche comenta que tenia ganas de ir a la playa y de ir a Cuyagua. Automáticamente, Claudia comenta que ella nunca ha ido a Cuyagua y La Roche le dice que ella va a cuadrar el plan y que le avisa. Claudia estaba entusiasmada. Al día siguiente, La Roche le comenta a Gaby y más rápido que inmediatamente se anota en el plan. Siguieron invitando gente pero todos tenían otros planes y compromisos previos.

Llega el día del viaje. Saldrían el viernes en la noche al estar todos en casa de La Roche después de las horas laborales. Claudia tuvo problemas para salir puntual de su trabajo porque una de sus jefas la retuvo un tiempo, pero con buena intención de darle unos consejos para un mejor desempeño; además de emocionarla más con el viaje. Por fin, llego a casa de La Roche y allí está el Jector. Aun no hablaban mucho puesto que no se conocían muy bien. Claudia se cambió su atuendo laboral por uno playero.

Posteriormente, Gaby llama para confirmar la dirección del punto de encuentro, pero aun así se perdió como 3 veces. Nadie nunca entendió como eso fue posible, si llegar a casa de La Roche es muy fácil, y además perderse tantas veces. Gaby llegó. Montaron las cosas en el carro y salieron a Farmatodo (nos encanta vivir la experiencia). Don Julián los encontraría allá, con las cervezas adquiridas con descuento por trabajar en La Cueva del Oso (Empresas Polar).

Finalmente estaban todos juntos. Montaron lo que faltaba en la maletera del carro y salieron. Comenzaba el viaje: 4 horas hasta Cuyagua (sin contratiempos). La conversación era amena, la música era entretenida, la compañía era estupenda y el destino: desconocido. A pesar de la hora, pues era de noche, los pasajeros estaban muy despiertos.

Como era de esperarse, saliendo de Caracas les agarró cola y eso los retrasó como una media hora. En Maracay hicieron una parada estratégica para ir al baño antes de empezar a subir la montaña hacia Cuyagua, ya que por ahí lo que hay es árboles y una vía angosta y llena de curvas. Comenzaron a subir.

Era una carretera oscura, llena de curvas, señalizada en su mayoría y pasaba por el Parque Nacional Henry Pitier (por eso tantos árboles frondosos, pero que de noche no podían apreciarse). Gaby se acostó a dormir porque sabia que las curvas iban a marearla y no estaban dispuestos a llenarse de vomito. Probablemente, Don Julián si pero Claudia si que no; aunque posiblemente si hubiera ayudado a atenderla. Pero eso lo sabremos en otra ocasión porque esta vez no hizo falta. El camino no tenia iluminación de ningún tipo, pero si estaba señalizado. Después apareció la neblina y tuvimos que aminorar el paso, y Jector nos dio un susto cuando apagó las luces del carro y no se veía absolutamente nada. ¡Tremendo susto! (eso no se hace, father). El camino se hacia tan largo que, como bien dijo Don Julián, en cualquier momento iba a salir un letrero que dijera "BIENVENIDOS AL ESTADO APURE". Finalmente llegamos.

No podíamos ver nada en detalle, pero se escuchaba el río y el mar. Podíamos sentir el olor a playa y tocar la arena. Bajamos del carro y comenzaron las primeras fotos: sonrientes de haber llegado, armando las carpas y La Roche regando café en la arena para alejar a los zancudos (dato suministrado por la pequeña Lulu, pero no sabemos que tan acertado es). Había tres carpas. La Quechua para La Roche y Jector, la Campestre para Don Julián y Gaby (tenia porche para beber el té o el café por las tardes), y la Choza para Claudia.

Una vez armado el campamento decidieron comer. La Roche había hecho un mercadito y cenamos sanduches esa noche: de atún o jamón y queso. Luego, Don Julián y La Roche instalaron la iluminación con velas frente a nuestras carpas para delimitar y alumbrar la zona, y colocaron el plagatox para ahuyentar a los zancudos. Nos sentíamos como gente de pueblo usando eso, pero era necesario para evitar picadas. A Claudia no le importaba porque ella ya es de pueblo.

Luego fueron durmiéndose poco a poco, hasta que sólo quedaron Jector y Claudia hablando de la vida y conociéndose. El Father no podía creer que Claudia era de Valencia, puesto que no encaja con el estereotipo valenciano (yo escribo la historia, voy a darme mi crédito jeje). Conversaron hasta las 4:30am aproximadamente y luego se fueron a dormir.

Fue interesante la experiencia de cambiarse de ropa dentro de la carpa. El espacio es reducido, pero se pueden lograr maravillas. Así como poder dormir profundo hasta que el sol sale a las 6am y te despierta, o sino el calor te saca de la carpa y sino son las ganas de ir al baño. ¿Baño en Cuyagua? No hay uno propiamente dicho. Allá tu baño es el mar para la necesidad número uno, y un hueco en la arena bien atrás en el monte para la necesidad número dos.

Debo admitir que mis expectativas fueron superadas apenas me desperté. La luz del sol me despertó y me asome para verlo. Estaba amaneciendo, sobre el mar brillando, poniendo el cielo de tres colores y reflejándose en el océano. El agua se veía de un azul turquesa precioso. Es una de las cosas más bellas que he visto en mi vida. Confieso que estuve apunto de llorar. Fue un momento de felicidad absoluta, de relajación, de reflexión… de sentimientos encontrados. Le tomé una fotografía a mi estrella de la mañana sabatina.

Al despertar todos fueron al río a asearse un poco y comenzar el día con el pie correcto. El agua estaba fría pero divina. Capaz de revitalizar a cualquiera. Regresaron al campamento y desayunaron unas arepas fritas. ¡Excelentes! Todos se comieron prácticamente dos arepas. Fue una combinación entre el hambre y lo buenas que estaban.

En el día estuvieron hablando, tomando fotos, llevando sol, bebiendo cerveza y bañándose en la playa. Temprano podías ver como los surfistas montaban las olas y era divertido. Eso es prácticamente un arte. Las olas eran fuertes y los mantuvieron atentos cada vez que estaban en el agua para evitar revolcadas. Por muy atentos que estuvieron igual dieron vueltas con la ola Justin Timberlake. La Roche le mostró una churra a toda Cuyagua y Claudia justo antes de meterse al agua paso por Kullawa Souvenir Store y adquirió un raspón en la rodilla.

Después, Jector y Don Julián compraron una guarapita de coco. ¡Demasiado buena! Con eso todos se alegraron. Pusieron música en el carro, echaron broma, tomaron más fotos, intentaron saltar y demás. Todas las personas andaban en un plan relax, nadie le hace daño a nadie y la gente es muy solidaria unos con otros. Gaby se puso a enseñarles el lenguaje de los malandros al resto y descubrimos expresiones como "quédate quieta y en la sombra que sino te quiebro", "relájate y coopera", "becerra" y otras más. Pero por si esto fuera poco, también le enseñó a Claudia a decir estoy embarazada en malandreo: "me metieron un gol", "el pan está en el horno", "me llenaron el ipod de música".

A su vez, Claudia no se quedó atrás y empezó a demostrar que ella puede hablar pitiyankee. Hablaba su spanglish casi todo el tiempo, por lo que la bautizaron como PitiClaudia (como si llamarme Ana Gabriela y que me digan Claudia no fuese suficiente jajaja). Regresaron al río a sacarse la sal.

Al volver, prepararon más sanduches para la cena y algunos de estos tenían un elemento crujiente. Se pensaba que habían sido papas fritas tipo Ruffles, pero no: era nada más y nada menos que arena. Así como la carpa. Por más que uno se sacudiera los pies al máximo, siempre le entraba arena a la carpa. Es algo inevitable. Y te acostumbras a dormir empegostado.

Seguimos hablando paja y bebiendo. Había sueño pero era muy temprano para dormir. Había brisa y por lo que no había zancudos, pero las velas se apagaban. Don Julián trató de mantenerlas encendidas pero fue imposible. Al final siempre se apagaban. Tomamos más fotografías y empezó a llover. Nos refugiamos en las carpas, pero el calor era infernal. Nos quedamos dormidos y llegaron los maracuchos.

Que desagradable es cuando uno está dormido, suena el teléfono y lo despiertan, y lo peor es que la persona te pregunte: "¿estabas dormido?". Pues imagina que te despierte una corneta inmensa a todo volumen con música techno o peor aun, con reggeaton. Esto fue lo que hicieron los maracuchos. Llegaron como a las 12am y ya tenían un bochinche, y como a la 1am prendieron esa corneta. Automáticamente nos levantamos.

Claudia salió de la carpa porque escuchó a La Roche y a Jector hablando. Conversaron un rato, se descargaron contra los maracuchos, pelearon con los zancudos alborotados por la lluvia y regresaron a dormir. El sueño fue infinitamente interrumpido por los maracuchos, que siguieron con su música hasta las 6am. A esa hora ya estaba aclarando y se podía ver a la estrella de la mañana dominguera. ¡Hermoso otra vez!

Despertaron un poco amotinados. No podían creer que alguien pudiera ser tan egoísta y abusar tanto. Era una falta de educación y sentido común. Los maracuchos en general serán odiados eternamente. Afortunadamente, luego el carro no les encendía puesto que le habían descargado la batería (justicia), y tuvieron que auxiliarlos (obvio que no fuimos nosotros). Recogieron el campamento y fueron a desayunar. Arepas otra vez. ¿Por qué cambiar algo que ya estaba garantizado que era bueno? Esta vez fue mejor. Estaban más ricas que las del día anterior. Volvieron al campamento y siguieron disfrutando del tiempo que les quedaba.

Ya para retirarse, volvieron al río a bañarse para emprender rumbo de regreso a la capital. Fue sumamente divertido ver a Gaby pasar frío y como La Roche estuvo a punto de perder el jabón y el champú. Comenzó a llover de nuevo y tuvieron que ingeniárselas para cambiarse para irse. Lo lograron. Iniciamos el viaje de regreso.

En el camino, Gaby volvió a quedarse dormida en las curvas para evitar accidentes, y el resto pudo apreciar la vista de Cuyagua desde la montaña. ¡Una belleza! Y observamos el esplendor de los árboles del Henry Pitier. Comieron McDonald's en Maracay y siguieron hasta Caracas con una lluvia potente. Habíamos regresado a la Metrópolis.

Conclusión:
- Claudia sospecha que Cuyagua se va a convertir en una de sus playas favoritas.
- Se reafirmó lo que dicen Jector y La Roche de que Cuyagua es una playa mágica.
- Claudia lanzó todos sus pensamientos pesimistas y negativos al mar para que nunca regresen, y recargó energía positiva y buena vibra en el río, como le dijo Toñy que hiciera.
- Gaby es más guerrera de lo que pensábamos.
- A Don Julián no le importa que Gaby hable tan bien el malandreo como idioma.
- El grupo fue excelente compañía para olvidarse de los problemas capitalinos.- Claudia espera que haya más planes a futuro que fomenten la amistad.
- El viaje fue perfecto para regresar repontenciados a la rutina caraqueña.
- Claudia ahora entiende el apego de Toñy con Cuyagua y lo comparte. Duda que volverá pronto o tan seguido como ella, pero se intentará y se soñará con eso.

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