jueves, 22 de abril de 2010

Capitulo II: Quiero pasar por otra nube

Travesías de unas ragazze en Los Roques
Mini serie de nueve capítulos, relatando las aventuras de tres licenciadas ucabistas en el paradisiaco Archipiélago de Los Roques.


Fotos: Michelle Vall

Capitulo II: Quiero pasar por otra nube

Viernes 26 – Marzo – 2010
Michi había dormido en mi casa, para salir temprano al día siguiente. Nos fuimos a casa de Astrid. Hicimos el cambio de carros y nos fuimos al aeropuerto con Lulu, la mama de la Frienda y su madrina.

Camino al aeropuerto, nos encontramos un peluche de Motto Motto de la película Madagascar 2 y decidimos llevárnoslo a Los Roques como representación masculina. Le tomaríamos fotos en muchos lugares exóticos, como el gnomo en la película Amelie o como en la ultima película de George Clooney, Amor sin escalas.

Llegamos al aeropuerto. Hacemos la fila para confirmar los pasajes. Tan temprano en la mañana ya se podía ver de todo: sillas, sombrillas e incluso cavas con hielo. Pasajes confirmados, pasamos al aeropuerto nacional, puerta numero 5. En dicha puerta, no había nada que indicara que por allí saldría el vuelo a Los Roques a las 7am.

Comenzó la espera. Nosotras estábamos juntas y sabíamos como es la movida en Venezuela. Es cuestión de esperar y eventualmente saldría alguien del personal de la aerolínea a dar información. Pero los extranjeros no conocen esta movida. Estaban desesperados. No sabían donde hacer la fila, no había personal que les diera información, no hablan el idioma. Había un gringo que solo preguntaba: ¿qué pasa? En su rustico español y nadie le tenia respuestas. Nos pusimos en una fila. Otros se pusieron detrás de nosotras.

Un miedo se apoderó de nosotras. No sabíamos si estábamos en la fila correcta. Entre los perdidos resaltaban unos chinos, que seguro tenían miedo de aterrizar de nuevo en China. Pero ¿y nosotras? ¿Y si al bajar del avión nos encontrábamos con un letrero que dijera: “Bienvenidos a San Fernando de Apure”? ¿Y nosotras solo con unas maletas llenas trajes de baño, shorts, cholas, vodka y jugo de cranberry?

Finalmente apareció un encargado y puso orden en la pea. Casi como Michi ordenando cajitas (chiste que explicaremos más adelante). Aquí fue cuando nos dimos cuenta de que no conocíamos la movida tan bien como pensábamos. Esa fila era de la gente que se iba para Margarita. Hicimos la fila correcta y nos fuimos.

Por fin subimos al avión, con una hora de retraso. Venezolanos contentos porque iba a salir el vuelo (conformistas y acostumbrados) y los extranjeros molestos e indignados porque estábamos saliendo tarde (como debería ser) ¡WELCOME TO VENEZUELA, DUDE!

Despegamos. Vamos rumbo a Los Roques. Dos caras de felicidad y otra totalmente pálida. Astrid en pleno Rosario de la Rosa Mística, pero aun así ella quería ir en la ventana. Comenzamos a hablar entre nosotras para distraerla y que se preocupara menos. La Virgen y los Ángeles no se irían a ningún lado.

De repente, turbulencia. Astrid se agarra bien duro de ese asiento y asegura que eso es porque estábamos pasando por una nube. Efectivamente, no podíamos ver nada por la ventana. Solo algodón blanco. Nadie dice nada para no estresar más a Astrid. Termina la turbulencia y Michi dice: “¡QUE FINO! QUIERO PASAR POR OTRA NUBE”. Se imaginaran la cara de Astrid. No le quedaron ganas de hablarle a nadie. En ese momento, Michi perdió la primera estrellita dorada.

Bajamos del avión. Pagamos la entrada al archipiélago. Fuimos a la posada LA ROSALEDA. Una pequeña casa de dos plantas, con un aspecto rustico pero hogareño y en la cual nos sentimos a gusto de inmediato. Alda, la dueña de la posada, nos recibió muy contenta (seguro porque ya no recibiría mas llamadas nuestras con dudas sobre el viaje jajaja). Hablaba el español perfecto pero con un acento particular. Pues resulta que Alda era italiana pero ya tenia 7 años viviendo en el país.

Desde el primer momento Alda nos dio razones para amarla. Ya nos esperaba con unos vasos de agua, la cava y un peñero listo para llevarnos a Crasqui, la isla más larga del parque y su favorita.
Continuara…
Capitulo III: Con la lengua afuera

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